La oración es un diálogo entre el hombre y Dios. Es el momento en que nuestra alma expresa fe y confianza en Él. Cuando nos colocamos delante del trono de Dios mediante nuestra oración, en una intimidad con Él, obtenemos respuestas a nuestros clamores, por los milagros y la transformación en nuestra vida.

Así aconteció con Moisés, cuando extendió su mano hacia el Mar Rojo y se abrió, posibilitando que los israelitas cruzasen el Mar. Josué oró y el sol paró, muertos resucitaron y hubo cura de muchas enfermedades. Todo esto por el poder de la oración.

El Señor Jesús, cuando estuvo aquí en la Tierra, nos dejó consejos preciosos, orientándonos y enseñándonos a cómo debemos llegar al trono de Dios en oración. Veamos estos consejos:

  1. Debemos engrandecer y glorificar a Su Nombre;
  2. Agradecer por el pan nuestro de cada día;
  3. Pedirle perdón, y perdonar a nuestro prójimo;
  4. Dejar que Su Voluntad sea hecha en nuestra vida;
  5. Pedir libramiento de tentaciones y males;
  6. Reconocer Su Poder y Su Gloria.

Por lo tanto, los cristianos, del pasado pero también los de hoy en día siguen las mismas enseñanzas del Señor Jesús, obedecen Su Palabra y sufren persecuciones a causa de su fidelidad. Muchos discípulos de la iglesia primitiva, como Pedro y Pablo, fueron encarcelados por hablar de las Buenas Nuevas de Salvación, pero obtuvieron su libertad gracias a la incesante oración de los fieles de la iglesia.

El Obispo Macedo, por ejemplo, es un siervo de Dios que predica la verdad, fue preso por amor al Evangelio de Nuestro Señor Jesús Cristo. Aún así pasando por aquella injusticia, sin haber cometido ningún error, permanecimos en la fe, tomando el ejemplo de los discípulos, y para la gloria de Jesús, en once días Dios dio el libramiento.

Observen el poder de la oración, a través de esta situación que aconteció con Pedro:

Cuando habían pasado la primera y la segunda guardia, llegaron a la puerta de hierro que conduce a la ciudad, la cual se les abrió por sí misma; y salieron y siguieron por una calle, y enseguida el ángel se apartó de él. Cuando Pedro volvió en sí, dijo: Ahora sé en verdad que el Señor ha enviado a su ángel, y me ha rescatado de la mano de Herodes y de todo lo que esperaba el pueblo de los judíos.’ (Hechos 12:10-11)

Sin que se dieran cuenta Pedro, el ángel del Señor entró en la celda donde él estaba preso, hizo que cayeran las cadenas que lo aprisionaba, ambos pasaron por dos guardias y por la puerta de hierro que se les abrió automáticamente. Vemos de hecho cómo la oración trae el Libramiento para los que creen en el Dios de los imposibles, a través de este ejemplo.

Ester Bezerra