Agresividad genera Agresividad

 

Había un niño muy agresivo e inquieto. Interrumpía la clase y creaba frecuentes confusiones. Cuándo él llegaba, las educadoras pensaban en no recibirlo, desviada la atención y concentración  a todos los demás niños dentro del salón de clase.

Nos acercamos a ese niño y comenzamos a conversar con él. Pedimos a Dios que nos ayudase, nos diese sabiduría para poder ayudar a ese niño.

Al inicio, había un monólogo, era difícil,  el niño era muy cerrado, no hablaba, no quería conversar. Pero poco a poco, con mucha paciencia, lo fuimos logrando y él tomó confianza. Se abrió.

Descubrimos que el padre de ese niño era alcohólico y sufría maltrato físico tanto él como su mamá. Con toda esa situación que el niño estaba viviendo dentro de su propia casa, podemos comprender que su agresividad era una reacción de un niño desesperado que estaba pidiendo ayuda. Hasta descifrar lo que él estaba intentando decir con ese carácter, era más fácil juzgarlo.

Logramos conquistar la confianza de este niño y él se sintió apoyado, valorado y querido. Percibimos que por detrás de cada niño apartado y agresivo, existe un niño que necesita afecto y atención.

Con el pasar del tiempo ese niño rebelde comenzó a respetar, a ser cariñoso. Estoy segura de que cuando él sea grande, será un adulto extraordinario, temeroso a Dios. Y todo eso porque no desistimos de él.

Así han llegado hasta nosotros muchos niños. Agresivos, rebeldes, desobedientes, inquietos, pidiendo socorro a través de sus reacciones y conductas. Sus agresividades son el eco de las agresividades que ellos reciben.

Por favor padres, dejen de vivir con agresividad, peleando, discutiendo o metido en los vicios. Salgan del camino equivocado. Presten más atención en sus actitudes, cambien su manera de vivir, no entregándose a los vicios ni siendo agresivos, sino todo lo contrario, busquen ayuda si ese es su caso.

Estamos pidiendo que no desistan ni se olviden de sus hijos. Que busquen dar a ellos buenos ejemplos y que se respeten, que busquen a Dios y que rechacen todo mal que ha intentado destruir no solo sus vidas sino también la de sus hijos.

*Reflexione*:

Todo tiene un por qué. ¿Ya se preguntó porqué sus hijos son así?

Echarle la culpa al colegio, al barrio, a sus compañeros o a su pareja es fácil. No se trata de buscar culpables. Debemos pensar en qué podemos  cambiar nosotros para ayudarlos.

*Tarea*:

¿Cómo puede mejorar usted para influenciar a su hijo?
Analícelo y hágalo.

Por Solange Amanthéa