¡Prestad atención!

¡Esta historia os va a encantar!

Timoteo, era un niño como muchos niños, le gustaba jugar, pasear por el campo, pero había algo que le hacía ser diferente, le encantaba que su abuela Loida y su madre Eunice le contaran las historias de la Biblia, era un niño apasionado por escuchar cada historia maravillosa de la grandeza de Dios sobre su pueblo, aún siendo pequeño se imaginaba ser el protagonista de cada historia que escuchaba.

Timoteo creció oyendo cómo Dios había sacado al pueblo de Israel de Egipto. ¿Imagináis el poder  de Dios al enviar plagas para que lo egipcios dejaran a los israelitas? Y no sólo eso, abrió el mar rojo, Timoteo empezó  a conocer cada milagro que ocurría en el pueblo de Israel, sabía quién era Daniel, Dios le había librado del horno de fuego junto a sus amigos, ¡estas historias son magníficas!

Desde que nació tuvo el privilegio de aprender de dos mujeres especiales que despertaron en él la pasión por conocer todo sobre Dios, eran mujeres llenas de fe,  sabían que Timoteo aprendería  y  pondría en práctica todas las enseñanzas.

Cuando se hizo más grande fue compañero de viaje de Pablo el Apóstol y le siguió, al estar con Pablo y escucharlo, su corazón se llenaba de alegría, tenía un corazón de amor como el de Pablo. Y cuando Pablo no podía visitar alguna Iglesia le enviaba a Timoteo, ¡vaya! ¡Qué placer tener que ir a visitar los pueblos y ciudades hablándoles a las personas de Jesús! Timoteo estaba contento.

Su abuela y su madre fueron las mejores maestras que Timoteo pudo tener en aquella época, de ellas aprendió la verdad sobre la Palabra de Dios, sobre la fe y la salvación a través del Señor Jesús. ¡Cuán orgullosas se habrán sentido ellas!

Si deseáis saber más sobre estás maravillosas historias, venid a la EBI.