CONOCIENDO A DANIEL, EL DE LOS LEONES

¡Prestad atención!

Daniel llegó a Babilonia junto  a sus tres mejores amigos, Ananías, Misael y Azarías, y a cada rey que iba y venía le caían muy bien estos hombres por ser buenos, honestos y bastante trabajadores. Los reyes les daban trabajos muy importantes de alto cargo por su capacidad y su ejemplar desempeño laboral, esto hacia que los otros funcionarios de la corte se sintieran celosos y llenos de envidia.

En estaba época reinaba Darío y a él también le caía muy bien Daniel, tenía buenas referencias sobre él y por eso  decidió ponerle a cargo de todo el país. Los otros funcionarios del rey se pusieron más celosos de lo que ya estaban y tramaron cómo perjudicarle,  provocándole  problemas  para que Daniel quedara mal ante el rey y así le despidan del trabajo, pero Daniel tenía algo que ellos, los malvados no tenían, tenía el favor de Dios, Dios estaba con Daniel, Él era su fuerza, Su protector, siempre hacia lo que Dios le pedía, era un hombre obediente y fiel, Él jamás renunciaría a su fe, jamás hablaría mal de Dios o lo negaría. Daniel estaba orgulloso y feliz de ser hijo y servidor de Dios.

Los hombre llenos de envidia y maldad no podían encontrar nada en contra de Daniel ni de sus amigos, descubrieron que eran fieles a un Dios Poderoso e incomparable, y por ningún motivo eran capaces de adorar a otros dioses hechos por manos humanas he inventado por los hombres, incluido los reyes,  por eso persuadieron y convencieron al rey Darío a crear una ley que todo el país sin excepción  adorasen al rey y se arrodillasen solo a él, y el que no lo hacía era castigado con la muerte y una muerte muy fea y dolorosa.

Cuando Daniel oyó sobre la nueva ley, hizo lo que siempre había hecho.  Clamar a Dios y contarle lo que estaba sucediendo y cómo se sentía,, se puso a orar tres veces al día como siempre. Estos hombres fueron en grupo a la casa de Daniel y lo encontraron orando y pidiendo la ayuda de Dios.  Así que corrieron donde el rey y le dijeron; “tu trabajador Daniel está ignorando tus órdenes.  Lo hemos visto orando a su Dios tres veces hoy.”

El rey se puso muy triste cuando oyó esto.  De verdad le agradaba Daniel y no quería que muriera.  Trató de todo para cambiar la ley y evitar que Daniel fuera lanzado al foso de los leones, pero los hombres vinieron y le recordaron que la ley no podía cambiarse y que Daniel tendría que ser castigado.

Así que al final del día el rey dio la orden, y trajeron a Daniel y lo lanzaron al foso de los leones.  El rey dijo a Daniel, “¡espero que tu Dios, al que sirves y oras, te rescate!” Rodaron una piedra grande y pesada en frente del foso y el rey regresó a su palacio con lágrimas en los ojos.  Esa noche, el rey Darío no pudo comer ni dormir porque estaba muy preocupado por Daniel.

Al día siguiente, tan pronto como el sol salió, el rey se levantó y corrió hacia el foso de los leones.  Cuando se acercó gritó, “Daniel, tu Dios, al que sirves y oras, ¿te ha rescatado de los leones?”  El rey esperó en silencio la respuesta. Luego, de repente Daniel dijo:  “Oh rey, ¡viva para siempre! Mi Dios envió un ángel, y éste cerró la boca de los leones.  No me han lastimado porque no he hecho nada malo.”    El rey saltó de alegría e inmediatamente ordenó que retiraran a Daniel del foso.  Y cuando lo levantaron del foso, no tenía ni un rasguño porque había creído en Dios.

El rey sabía que los hombres lo habían engañado para que castigara a Daniel, así que los castigó a ellos.

Después el rey hizo una nueva ley y dijo; “El Dios de Daniel es grandioso, y ordeno que todos en mi reino respeten al Señor Dios, que rescató a Daniel de los hambrientos leones.