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El mundo fue creado por Dios, para que el hombre junto con su familia disfrutara de Su presencia y de todo lo que en el había. La armonía, la disciplina y el amor formaban parte de esa convivencia. Pero al pecar, ellos se apartaron del Dios Vivo y entonces, el mal logró dominarlos y prevalecer en sus vidas. Debido a esto, iniciaron las guerras, los dolores y sufrimientos.

Para volver a hablar con Dios y oír Su voz, los hombres necesitaron de un Intermediario para llegar a Su presencia. Generaciones después, les fueron enviados hombres de Dios, profetas, para hacer ese papel de intermediario. Pero el pueblo volvía a equivocarse y no tenía fuerzas de resistir el pecado, lo cual, los apartaba cada vez más de Dios. Entonces, fue cuando Dios envió a Su Hijo Jesús para ser ese Canal hasta Él. Así, las personas podrían Conocerle, redimir sus pecados y Seguirlo y aún más, recibir la fuerza de Su Espíritu para resistir al mal que los esclavizaba.

El Señor Jesús nos dio condiciones de ser perdonados y también, de volvernos hijos de Dios y vencedores en este mundo.

A través de la oración, en el Nombre de Jesús, tenemos acceso al Padre Celestial: Les dijo:

“Y todo lo que pidiereis en oración, creyendo, lo recibiréis.”  (Mateo 21:22)

Entonces, para recibir lo que pedimos, debemos tener fe y certeza de que Él es Fiel para cumplir Su promesa. Y para pedir, también debemos tener fe de que Él nos está escuchando. Fe es certeza de las cosas que se esperan.

Pero ¿Cómo tener certeza? La única garantía es lo que Dios nos prometió. Si el Señor Jesús dijo que recibiríamos todo lo que pidiéramos en oración, entonces podemos confiar en Su Palabra. Entonces, ¿qué es lo que vosotros necesitáis? Pedid y por la fe recibiréis. La salud y bienes materiales son importantes, pero no es lo que más importa. Lo más importante sobre todas las cosas es el Espíritu Santo, que os dará las condiciones y fuerzas de conquistar las demás cosas.

Recibir el Espíritu Santo es ver materializada dentro de nuestro corazón aquella fe de que Él existe y nos escucha. Sabemos, entonces, que Él ya no está afuera, sino dentro de nosotros, para guiarnos y ayudarnos a vencer los desafíos. Por eso, Él es lo que más necesitamos. Y, para Recibirlo, debemos aprender a ejercitar la fe que ya existe en nuestro interior. Esa fe es nuestro tesoro. Guardadla bien, pues es el pasaporte para llegar al Reino de Dios. Por lo tanto, creed y pedid el Espíritu Santo sobre vuestra vida. Y, Él vendrá sobre vosotros.

 

Ester Bezerra