Algo difícil, es dejar de hacer nuestra voluntad para hacer otra que nos es impuesta. Imagina que fueras un príncipe viviendo en un palacio y el rey, tu padre, te dijera que tendrías que dejar esa calidad de vida para ir a otro lugar, inferior al tuyo, para cumplir una misión. ¿Cómo te sentirías con esa nueva condición de vida? Después de haber experimentado las riquezas de una casa mejor, tendrías que dejar tu vida de rey para convertirte en un hombre común, como cualquier otro.

Te sentirías humillado y denigrado, ¿No es verdad? ¿Qué harías tú? ¿Obedecerías al rey? Esta decisión es muy difícil, porque para obedecer se necesita confiar que aquello que tu padre te esta pidiendo es bueno, aunque exigiera sacrificio, ya que al final eso te haría bien.

Observa quien cumplió ese papel y que de tal forma se humilló, dejando su cuerpo Celestial para vestirlo de carne y hueso, un cuerpo humano: el propio Hijo de Dios, el Señor Jesús. Fue eso lo que Él afirmó: “Pues yo descendí del cielo para hacer la voluntad de Aquél que me envió y no para hacer mi voluntad” (Juan 6:38).

Más allá de obedecer al Padre, Él fue humilde, pues no pensó en sí mismo, sino en las personas que necesitaban reconciliarse con Dios para obtener la salvación. Él vino a nosotros para eso. Con todo Poder y Soberanía, Él tenía el derecho de vivir en el mejor lugar que existe, donde no hay dolor ni sufrimiento, aun así, nos dio Su ejemplo de lo que es ser humilde e inclinarse a la voluntad de Dios, al obedecer Su Voz. Y Su humildad lo hace más noble.

Dios se agrada de la obediencia, pues ella demuestra nuestra confianza de que aquello que Él pide es mejor para nosotros. Entonces, cuando obedeces a tus
padres, profesores y a los adultos, estás agradando a Dios. También, en el sermón del monte, Jesús dijo: “Bienaventurados (felices) los humildes de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos” (Mateo 5:3).

Mira que serio que es esto, y que importante es ejercitar la humildad a través de la obediencia: Sólo entrará en el cielo aquél que domina sus voluntades para hacer la voluntad del Dios Todopoderoso.

Ester Bezerra