Muchos padres se quejan, y es el mayor conflicto que viven las familias de niños y adolescentes que no quieren o no obedecen, e intentan buscar la receta mágica que pueda cambiar esta situación en sus hijos, y no hay tal receta, sino seguir educando. Antes de escribir este artículo me quedé pensando, lo complicado que es, para el ser humano obedecer; no solo a los niños les cuesta obedecer, sino también a los adultos.

Un día de camino al trabajo me quedé esperando el semáforo para cruzar la calle, aquellos segundos o minutos se hicieron eternos y los aproveché para observar minuciosamente como las personas cruzaban la calle aún cuando las lucecitas estaban en rojo, si nos ponemos a pensar seguramente encontraríamos un montón de excusas, por ej. por las prisas, por llegar pronto al trabajo, a la casa, etc… exponiendo de esa forma sus vidas al peligro; porque uno no sabe, cuando puede aparecer un coche a una gran velocidad y atropellarles, solo por el simple hecho de no obedecer las señales del tráfico y esperar el momento de la luz verde. Así es nuestra vida con Dios, producto de la desobediencia pagamos consecuencias grandes.

El propio significado de la palabra OBEDIENCIA dice “Es someterse a hacer la voluntad de quien manda” Por lo tanto el hijo que obedece debe someter su voluntad ante sus padres no por obligación, por miedo a un castigo o a perder el afecto sino por una convicción, porque es justo, razonable, beneficioso, etc.

Dios hizo todo perfecto y fue Él, quien nos enseñó a obedecer, siendo el Señor Jesús quién primero obedeció e hizo la voluntad de su Padre. Él, es nuestro mayor y gran ejemplo, por eso es importante obedecer a Dios y enseñar a vuestros hijos también a obedecerles. Incluso ya se convierte en algo natural cuando los hijos ven que sus padres son obedientes, obedientes a Dios, a su Palabra, en sus diezmos y ofrendas, en fin.. a ellos no les costará obedecer, puesto que eso es lo que verán en sus hogares.
¿Vosotros ya habéis pensado en eso?

Enseñamos a nuestros hijos a obedecer practicando en familia primero la obediencia a Dios.

¿Imagináis lo maravilloso si vuestros hijos obedecen en todo? ¿Cómo se sentirían?

Felices y orgullosos de ellos ¿verdad?. De igual forma Dios también se agrada de quiénes le obedecen a Él.

¡Dios les bendiga!