“Al que venciere, le daré el derecho de sentarse conmigo en mi trono, como yo vencí y me senté con mi Padre en su trono.” (Apocalipsis 3:21)

Muchos preadolescentes no ven su alrededor, han perdido el valora muchos cosas importantes  en la vida, valores que Dios nos ha dado. Se lamentan por todo y por nada, se quejan de lo que tienen y quisieran tener,  no llegando a comprender que  para todo  en ésta vida debemos  luchar, sin luchar, sin vencer los miedos no conseguiréis nada, y al final  estaréis  estancados y frustrados pensando en lo que pudo ser y no fue.

Observamos a personas que  por las ganas de vivir encuentra la  manera de superar cualquier obstáculo, así sea que perdió  la mitad  de  su propio cuerpo o  una parte de él,  eso no le impide salir adelante y esforzarse para vencer sus propios miedos,  vencerse  así mismo, él no se desanima, tiene que sacar una fuerza  interior para  mirar la vida  de otra manera y encontrar la superación. Si Dios  está con nosotros ¿ porqué desmayar? porque no luchar? pero se debe  luchar hasta el final.

Nos quejamos de las cosas que no tenemos, de las cosas que nos han pasado, por los errores que  se ha cometido,  de las heridas que no han cicatrizado, nos quejamos por ser gorditas, otros delgados o pequeños, nos lamentamos porque  nuestros padres están separados, porque no tenemos amigos,  porque no soy el mejor de la clase, etc. Pero ¿qué hiciste para cambiar eso? A quién recurriste para que te ayude? En quién confiaste?

Querido  adolescente  debemos vencer nuestros retos y limitaciones con luchas constantes  tomando ejemplos de personas que superarón los retos más grandes de sus vidas. Recuerda,  Dios está contigo y si aún no lo conociste  búscale y seguro que le encontrarás.