Es un tema muy común en los padres y una actitud de los niños que más les saca de control.

Muchas veces tenemos que estar en una lucha constante con nuestros hijos por el control, y al parecer siempre ganan ellos.

Cuando le pedimos que haga algo, se resiste, hace un berrinche o hace un gesto desagradable.  No es cuestión de que sea más pequeño o más grande. A partir de los 4 años de edad aproximadamente los niños ya comprenden que hay ciertas actitudes que no les agrada a sus padres.

La obediencia se aprende. Cuando nace el niño, nuestra prioridad es cuidar de él, estar a sus ordenes las 24 horas del día, necesita nuestro cuidado, está expuesto a un mundo desconocido y peligroso para él hasta que su cuerpo, su sistema inmunológico se adapte y aprenda a conocer y convivir en nuestro mundo. Apenas empezaba a llorar, se tenía que ir corriendo a satisfacer sus necesidades. Un bebé necesita que se le atienda constantemente.

Después de tantas atenciones, es normal que el niño piense que es el rey de la casa y que sus padres son los que le sirven, que están ahí para lo que se le antoje. Luego, para cuando tiene dos años, se da cuenta de la cruda realidad; su corto reinado ha terminado: Sus padres ya no le obedecen. Y no solo eso, esperan que sea él quien obedezca, es un tremendo golpe que siente el niño, por eso algunos reaccionan con pataletas y otros ponen a prueba a la autoridad del padre desobedeciendo.

En esta etapa de cambios tan critica de la vida del niño, los padres tienen que asumir un nuevo papel, el de alguien con autoridad que le dice al niño de manera clara lo que tiene que hacer. Pero ¿ y si el niño no obedece o se rebela, qué  hago?

Tome en cuenta estos consejos:

Tome el control. Su hijo no aceptará que usted es quien manda si usted no toma las riendas. Sin dejar de ser cariñoso, tiene que hacerse respetar. La falta de dirección clara confunde a los hijos y no los prepara para la vida. Es más, podrían terminar siendo unos consentidos que piensan que tienen derecho a todo.

Discipline a su hijo. Cierto diccionario define la disciplina como “instrucción de una persona con el objetivo de que aprenda a obedecer o a controlarse por medio de reglas y de castigos”. Por supuesto, jamás se debe ser irrazonable o maltratar al niño. Pero si no se le castiga-sanciona conforme a lo que ha hecho, nunca mejorará.

Sea claro y directo. Hay padres que tratan de maquillar las órdenes. Por ejemplo, le dicen al niño: “Mi cielo, ¿quieres recoger tu cuarto, por favor?”. Tal vez piensen que es una cuestión de modales. Sin embargo, eso les quita autoridad, pues le da la opción al niño de desobedecer. En vez de dejar que el niño decida si quiere obedecer, hay que darle órdenes claras y directas. Obedecer no es una opción..

Sea firme. Si le ha dicho que no al niño, no cambie de opinión. Además, presente un frente unido con su cónyuge, ambos deben ser cómplices en la educación y disciplina de vuestros hijos. En caso de que le haya dicho que lo va a castigar, no se eche atrás. Tampoco se ponga a negociar con el niño ni pierda demasiado tiempo explicándole por qué lo castiga. Su palabra debe ser Sí o No.

Sea cariñoso. La familia no es ni una democracia ni una dictadura. Dios creó la familia para que los hijos reciban la guía que necesitan para madurar. La disciplina forma parte del proceso de educación. Si disciplina a su hijo con cariño, lo ayudará a que sea obediente y a que se sienta seguro y querido.

Debemos dar tiempo al tiempo y no exigir a nuestros hijos más de lo que se puede esperar para su edad.

Para no enfadarse con él, piense que a esta edad le desobedece por su insaciable curiosidad y por su afán de sentirse independiente, no para fastidiarle.