¿Qué necesitan nuestros hijos?

Estoy convencida. Los niños son quienes más sufren en estos tiempos difíciles y voy a decir por qué: Tomé conocimiento de que una de las muchas niñas que frecuentan la EBI no quiera volver a su casa, y cuando descubrimos el por qué, ella, llorando, comentó que en su casa sufría abusos y violencia de parte de sus padres. Inclusive ella tiene más hermanos.
Ella fue la primera niña, de las que ha llegado hasta nosotros, que tomó esa actitud: proponerse no volver a casa. Eso me llamo la atención.
Buscamos conocer el hogar de la niña y constatamos que era un hogar que era un hogar totalmente disfuncional, fuera de los padrones de un hogar feliz y bendecido por Dios.
El hogar es el factor que determina hasta qué punto un niño será feliz, seguro y estable. Es lo que define la manera en como ella va convivir con los adultos, amigos y extraños cuando sea joven; cuánto va a confiar en sí mismo y en sus habilidades; o cuando afectuoso será o cuán indiferente. El hogar, entonces, a pesar de otras influencias ejercidas sobre un niño, continúa siendo lo más importante. Orientamos a la mamá de esa niña y me gusta dejar aquí algunas palabras para que usted piense y reflexione. ¿Cómo está cuidando a su(s) hijo(s)?,   ¿Qué le(s) ha dado?, ¿Qué ha(n) recibido de usted?
Padres, debemos de ignorar nuestros problemas y dificultades y dar a nuestros hijos lo que les es vital durante toda su vida.
Si existe alguna cosa con la cual nos debemos preocupar es con dar Amor a nuestros hijos. Dar amor no es sólo decirles que los amamos o cumplir sus caprichos. Dar amor es transmitir y demostrar ese amor, ante cualquier otra cosa. Antes de enseñar, orientar y disciplinar.
Sé que las luchas y dificultades que pasamos en este mundo nos apartan mucho de nuestros hijos y, peor, también nos apartan de Dios. En los problemas es donde debemos hacer de Dios nuestro abrigo, nuestro refugio, nuestra fortaleza, pues si así lo hacemos, Él nos va llenar de fuerzas, sabiduría y mucho amor para transmitir a nuestros hijos. Dios es la fuente de todo bien.

Por Solange Amanthéa