Todos pasan por dificultades en la vida, por eso, ser ayudado y resolver sus problemas depende de a quien usted confió su vida. El cristiano elige depender de Dios. No importa el problema que se tenga, la enfermedad más grave, el sueño a realizar, nada nos hace dudar de la existencia y del poder de Dios. Si estamos en Su Reino tenemos el cuidado y la protección de nuestro Rey Jesús. Además de eso, tenemos el privilegio de poder usar Su Nombre, tener Su Palabra y poseer Su Espíritu dentro de nosotros.

Con el bautismo en el Espíritu Santo recibimos poder. Y ese poder no es para imitar y si para esparcir y contagiar a muchos para conocerlo. Dios pidió a Abraham para sacrificar lo que él más quiso en toda la vida. Su propio hijo Isaac. Por un momento, Abraham pensó que tenía que matar a su hijo, pero Dios solo quería ver su Fe. Sin saber que estaba siendo llevado para el sacrificio, el niño preguntó dónde estaba el cordero que iban a sacrificar. Abraham entonces respondió: “Dios proveerá el cordero para el holocausto”.

Él tenía certeza que realmente Dios iba proveer. Cuando enfrentamos situaciones difíciles, nos acordamos de Abraham, que pensó en el poder de Dios y consiguió decir por la fe: “Dios proveerá!”, y recordamos también de muchos otros que han experimentado la obediencia y Su Poder. Dios había prometido a Abraham que él sería el padre de una gran nación, entonces isaac, el niño iba a sobrevivir. Abraham no sabía cómo, pero confiaba en la promesa.

Hasta creía que Dios podía resucitar a su hijo, en caso que él realmente muriera. Eso es Fe. Es creer que todo es posible y que, lo que Dios prometió, Él cumplirá. Por no conocer al Dios que seguimos, nosotros sus hijos, no usamos palabras negativas, como: no consigo; No tengo esa capacidad; Está muy difícil. Decimos, si:

“Todo puedo en aquél que me fortalece”. Filipenses 4:13.

Dios los bendiga,
Ester Bezerra